59 Las hijas de Florencio

Lo importante de tener muchas cosas que recordar es ir a algún sitio a recordarlas, ¿comprendes? Tienes que detenerte. No has estado en ninguna parte hasta que no vuelves a casa. Eso es lo que intento decir.

Eso al menos es lo que decía el bueno de Dosflores, el primer turista de Mundodisco, al final de la segunda novela de la serie de Terry Pratchett, La luz fantástica. Algo de razón tiene, seguro. Viene esto a cuento, como la foto, porque mis vacaciones y su correspondiente viajecito al norte de la ibérica, una tradición ya, se han acabado. Realmente se acabaron hace unos días, pero entre el stress post-traumático de la vuelta y la pequeña -y ya solucionada- avería de mi nuevo iMac (sí, mamá, soy un switcher), esta su casa seguía sin volver a la vida.

La foto pertenece al bar Las hijas de Florencio, en el paseo de Pereda de Santander. Una joyita de sitio donde el último día a última hora paramos a tomar unos vinos y un buen jamón y a hacernos los remolones en lugar de ir a preparar el equipaje para la vuelta. No es gran cosa, la foto, pero refleja bien ese momento que ahora, de vuelta a casa, recuerdo como dice Dosflores y que me pertenece para siempre junto a tantos otros.

Para estas vacaciones me llevé las dos cámaras, que se usaron menos de lo previsto, tres libros, de los que leí los dos primeros de Mundodisco y el tercero, de Carl Sagan, ya lo comencé en Cádiz a la vuelta, y muchas ganas de descansar, que, mira tú, eso sí que lo hice tal y como tenía programado. El descanso, para mí se queda, los libros de Pratchett los recomiendo (yo ya tengo marcados los cuatro siguientes de la serie para pedirlos) y las fotos, bueno, ya las vereis…